Desde 1978, todo 9 de febrero las emisoras radiales programan sus canciones a manera de homenaje. Su voz es un eco. Una inmensa ola viva. Julio Jaramillo es el pueblo mismo, su raíz más profunda.

Desde hace cuarenta años, cada 9 de febrero, los bares se repletan con los fanáticos de JJ que escuchan sus canciones. Es cuando la espuma de cerveza es fiesta y llanto. Vida y muerte.

Julio Alfredo Jaramillo Laurido nació en Guayaquil, el 1 de octubre de 1935. Su familia habitaba en el popular barrio de Gómez Rendón y Villavicencio, cerca del río Guayas, pero él y su hermano Pepe frecuentaban el barrio Garay, a orillas del estero Salado.

En 1985 cuando conversé con su madre, Polita Laurido, ella confesó que le pegaba en la boca para quitarle a su niño esa loca idea de ser cantante, aunque también recordó que el primer juguete que le regaló fue una guitarra de palo.

Su primer éxito fue en un programa de cantantes aficionados organizado por radio Cóndor. Su voz llamó la atención y grabó un disco sencillo: Pobre mi madre querida, que cantó a dúo con Fresia Saavedra. Después como solista grabó Fatalidad y se hizo famoso. Pero por esa época había otro grande de la música: Olimpo Cárdenas.

La primera prueba de fuego de JJ fue un mano a mano con Cárdenas en el Teatro Central. Reseñan los cronistas que la sola noticia del duelo musical fue un suceso. Se agotaron las localidades y cientos de fanáticos quedaron fuera. Aquella noche, el público aplaudió de pie a JJ.

Aunque había jurado no regresar a Ecuador porque no era valorado como se lo merecía, volvió a Guayaquil y aquella fue una noche de locura. Regresaba el hijo pródigo. Las masas se volcaron a recibirlo en el aeropuerto. Esa noche cantó Guayaquil de mis amores y la gente emocionada agitó pañuelos. Algunos comentaban que volvía pobre y con su voz gastada.

Desde el inicio, en radio Cristal tuvo su programa en vivo: La Hora de JJ. Su vida bohemia, arruinó su voz.

El lunes 6 de febrero una noticia a dos columnas enciende la alarma: “Se halla de gravedad cantante JJ”. Guayaquil se inquieta. Pero se vive la fiesta del carnaval. Noches de farra y olvido. La esperanza se extiende hasta la fatal noche del 9. La mañana del viernes 10, los diarios a grandes columnas anunciaban: “Anoche murió JJ”.

Julio Jaramillo falleció a las 21:20, justo cuando sobre Guayaquil caía una leve llovizna. Al conocerse la fatal noticia, todas las emisoras interrumpieron sus programas regulares y empezaron a tocar sus discos.

Su entierro fue impresionante, nunca tanta gente había acompañado un ataúd al Cementerio General. Cientos de personas se adelantaron a que llegara el cortejo y trepados en las bóvedas trataban de apreciar la entrada del féretro con su ídolo durmiendo el sueño eterno. Algunas edificaciones del cementerio se derrumbaron y varios asistentes resultaron golpeados. (I)

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